El seguro de sequía: una asignatura pendiente del campo

Este año, la celebración del Día Mundial del Agua el 22 de marzo ha estado focalizada en las aguas subterráneas que están bajo la tierra en forma de acuíferos, abastecen humedales y ríos hasta filtrarse en mares u océanos. Su principal fuente es la lluvia y también la nieve que se infiltra en la tierra y puede ser extraída a través de pozos y bombas. El mensaje oficial de Naciones Unidas está dirigido en esta ocasión a la necesidad de proteger y utilizar las aguas subterráneas de forma sostenible para satisfacer el consumo y afrontar los efectos del cambio climático que cada vez son más acusados. En particular, es imprescindible evitar su contaminación y la sobreexplotación de estas aguas para no agotar los recursos teniendo en cuenta que las cifras globales de abastecimiento son los segundos peores datos registrados en un siglo y que recuerda a la situación crítica que ya se vivió en los noventa, especialmente, durante 1995 que fue otro año negro de sequía, aunque en esas fechas aún no se notaba tanto el cambio climático como ahora.

El invierno de 2021 a 2022 ha sido de los más secos y la situación no es buena, sobre todo para la agricultura. Con un nivel de lluvia bajo mínimos, la sequía se ha convertido en una de las principales preocupaciones para el sector agrario. Los riesgos por el cambio climático aumentan y si las condiciones atmosféricas no mejoran podrían producirse daños de magnitudes catastróficas para los cultivos, sumado a las subidas de costes asociados a la producción que no pueden repercutirse en las ventas. A pesar de ello, el seguro de sequía sigue teniendo muy escasa contratación entre el sector agrario y ganadero; sin embargo, los siniestros por sequía si han aumentado afectando a extensiones de terreno mayores y durante más tiempo. Además, según la información difundida por las aseguradoras, los daños por sequía son los segundos más importantes, por debajo de los de pedriza. En la mitad sur peninsular, especialmente en los cultivos herbáceos de secano, los daños se consideran ya irreversibles y terminaran siéndolo también para los de regadío por la escasa capacidad de los embalses.

A excepción de los cultivos herbáceos, sin embargo, el seguro de sequía sigue siendo de baja contratación y es una asignatura pendiente en el campo que precisa encontrar fórmulas realistas, capaces de equilibrar el coste de las primas con el capital asegurado.  Actualmente, sólo un 15 % de la superficie agraria útil cuenta con este seguro pero el incremento de la siniestralidad y, en consecuencia, de la cuantía de indemnizaciones a cargo de los seguros en el sector agrícola y ganadero ha provocado la necesidad de introducir reajustes subiendo las primas y franquicias, e incluyendo menos coberturas. Además, las ayudas públicas para apoyar la contratación de seguros agrarios han estado un tiempo estancadas aunque en los últimos años se han incrementado con la participación de las comunidades autónomas. 

Las agrupaciones de agricultores y ganaderos reivindican a la Administración y a las aseguradoras cambiar el sistema actual a fin de que la política de seguros sirva realmente de protección al campo mediante coberturas adecuadas a los riesgos actuales y con tarifas que resulten rentables. Un comparador de seguros siempre es también una buena herramienta de apoyo para encontrar los seguros que cada tipo de negocio necesita. 

Por su parte, desde las regiones y municipios más afectados por la sequía se apela a la responsabilidad y colaboración de la ciudadanía impulsando campañas de sensibilización para concienciar de que cada gota cuenta y la necesidad de ahorrar sumando pequeños gestos en el uso doméstico ya que simplemente cerrando el grifo mientras nos lavamos los dientes se puede ahorrar diez litros de agua.

 

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