La robótica al servicio de los cuidados: ¿futuro o ficción?

Nuestro país tiene frente a sí el reto de afrontar las consecuencias que va a tener al ser uno de los países con mayor longevidad del planeta. Con una esperanza de vida de 83 años de media, España ocupa el tercer puesto de los países más longevos, lista que encabezan Japón y Suiza. En las próximas décadas la pirámide de demografía española va a envejecer significativamente lo que vendrá acompañado de desafíos económicos y sociales de gran complejidad. En paralelo, la necesidad de cuidados, especialmente de personas dependientes que precisan el apoyo externo para realizar las actividades básicas cotidianas, va en aumento y será aún mayor durante las décadas siguientes, ya que en 2050 habrá en España 16 millones de personas mayores de 65 años, es decir, 5 millones más que en la actualidad.  

La presión del sistema sociosanitario va a requerir, además de su reformulación, un fuerte incremento de gasto público y del concurso del sector privado para atender las necesidades de una sociedad cada vez más envejecida con fórmulas de equilibrio para garantizar el modelo de bienestar social y la calidad de los servicios de atención. De momento, España ha planteado el Plan de choque para la economía de los cuidados, con un presupuesto de 3.500 millones de euros cuya dotación se espera obtener de fondos europeos y estudia fórmulas nuevas de desinstitucionalización de la asistencia que apuestan por la permanencia de las personas dependientes en sus hogares como lo prefiere la mayoría. Este modelo pasa también por introducir medidas acordes en otros ámbitos públicos como el transporte público y mejorar la accesibilidad de las ciudades en los planes de urbanismo.

En la actualidad, los países de la OCDE dedican de media un 1,5 % del gasto público al cuidado de las personas dependientes y España está por debajo de la media, con una inversión de dinero público del 0,9 %.

Los cuidados de larga duración incluyen, desde la atención residencial permanente, hasta modelos de cuidado mixto en centros de día y los cuidados formales e informales en el propio domicilio de las personas dependientes. A partir de los 75 años de edad, se intensifican las dolencias crónicas en personas que anteriormente habían disfrutado de un buen estado de salud y empiezan a aparecer las primeras necesidades de apoyo. En este escenario, el sector privado de cuidados a la dependencia proporciona el 80 % de los servicios de atención domiciliaria, teleasistencia y gestión residencial, aunque la mayor parte de los cuidados sigue recayendo en el entorno familiar, por lo que las soluciones complementarias que ofrecen en este ámbito los seguros de dependencia privados pueden suponer un importante alivio a las cargas de los cuidadores en la familia y una mejora en la atención de las personas que precisan apoyo puntual o permanente.

Caretech: soluciones tecnológicas de autocuidado

Las empresas de cuidados emplean a 250.000 personas, de las cuales el 75 % son mujeres, y se estima que en los próximos veinte años será necesario emplear a 300.000 personas más. La demanda cada vez mayor de servicios para el cuidado de la dependencia está siendo un yacimiento para las startups orientadas al caretech o soluciones digitales para el autocuidado basado en la innovación tecnológica. La lista de soluciones tecnológicas pensadas para la promoción del cuidado es amplia y en ella destacan los dispositivos de localización, los sistemas que detectan las caídas, supervisión remota por internet, los asistentes de voz inteligentes y telemedicina. También la domótica ofrece soluciones interesantes, como los andadores automatizados y los robots sociales, como el prototipo Tesla Bot, presentado recientemente por la compañía.

Silver economy o la Economía de las canas

Es también una realidad que las personas están alcanzando la vejez con un mejor estado de salud y con ganas de exprimir esta etapa de sus vidas. De ahí la proliferación de productos y servicios cada vez más especializados en las personas mayores en sectores tan diversificados como salud y alimentación, deporte, moda, turismo y ocio, planes de pensiones, productos financieros y seguros, entre otros muchos. La nueva frontera de la vejez está marcada por la capacidad de envejecer manteniendo una vida autónoma, activa, con actitud renovada y propósito.

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