ANEMIA MEDITERRÁNEA: ¿QUÉ ES Y CUÁLES SON LOS RIESGOS PARA LOS PORTADORES SANOS?

La anemia mediterránea, también llamada beta-talasemia (del término griego ταλασσα, que significa mar), debe su nombre al hecho de que está más difundida entre las poblaciones del Mar Mediterráneo. En particular, en Europa se concentra sobre todo en Grecia, en las costas turcas y en las islas, incluidas Sicilia y Cerdeña, que, junto con Ciociaria y la zona del delta del Po, se encuentran entre los lugares más afectados.

También está muy extendida en el sur de China y en el sudeste de Asia, Irán y África. Se calcula que en nuestro país hay unos 7.000 casos y al menos 3 millones de portadores sanos.

Hoy profundizamos juntos en este tema, para comprender cómo se manifiesta esta enfermedad y qué terapias existen. Si tienes alguna duda sobre los servicios de una póliza de seguros, puedes informarte mediante comparadores de seguros de responsabilidad civil para autónomos.

¿QUÉ ES LA ANEMIA MEDITERRÁNEA Y CÓMO SE CLASIFICA?

¿QUÉ ES LA ANEMIA MEDITERRÁNEA Y CÓMO SE CLASIFICA?

La anemia mediterránea – o eritroblastica – es una enfermedad hereditaria de la sangre. Los afectados tienen menos glóbulos rojos y hemoglobina de lo normal, lo que provoca una deficiencia de oxígeno en el organismo.

La magnitud del trastorno, los síntomas y las consecuencias son variables: en los casos más graves es necesario recurrir a transfusiones periódicas, mientras que en las formas más leves – y afortunadamente también más difundidas – es menos invalidante. La anemia mediterránea fue una vez una enfermedad mortal: hoy, afortunadamente, gracias a los progresos de la investigación y a las terapias, ya no es así.

La beta-talasemia se diagnostica mediante análisis de sangre, con recuento de glóbulos rojos irregulares, más pequeños y más pequeños de lo normal.

¿QUÉ TRATAMIENTOS PARA LA ANEMIA MEDITERRÁNEA?

Si los niveles de hierro son demasiado altos, se puede recurrir a la terapia quelante, que consiste en una microperfusión con un fármaco capaz de limpiar el cuerpo de metales y toxinas en exceso. Sin embargo, se trata de un tratamiento pesado para el paciente, por lo que sólo se recomienda en casos de extrema necesidad, que podrán ser evaluados por un especialista. Generalmente, la anemia mediterránea mayor (y a veces intermedia) prevé un tratamiento con transfusiones de sangre, que se repite hasta 8 veces al año en los casos más graves, mientras que en la forma intermedia son suficientes algunos ciclos cuando la hemoglobina resulta demasiado baja.

A continuación se puede recurrir al trasplante de médula o sea, la única terapia «definitiva». Esto se hace a través de células madre de un donante compatible, en la mayoría de los casos un familiar. Sin embargo, las posibilidades de encontrarlo son inferiores al 30%, sin tener en cuenta las contraindicaciones y los riesgos de este tipo de trasplante, incluido el rechazo por el organismo. Por estas razones, este procedimiento suele reservarse para casos raros, en presencia de personas con una forma muy grave de talasemia y con hermanos disponibles para la donación.

Por último, la EMA (Agencia Europea de Medicamentos) ha aprobado recientemente una terapia génica de nueva generación para el tratamiento de los casos más graves de talasemia. Hasta ahora se ha probado en unos cincuenta pacientes, que han tomado los medicamentos y han sido monitorizados después del final del tratamiento: en 56 meses ninguno de ellos ha necesitado transfusiones. Los datos se presentaron a finales de 2018 durante el Congreso de Hematología en los Estados Unidos y representan un avance considerable que podría marcar la diferencia para los que sufren de anemia mediterránea.