ÁCIDO LÁCTICO: ¿QUÉ ES, POR QUÉ SE FORMA Y CÓMO PREVENIR SU ACUMULACIÓN?

Durante un entrenamiento, especialmente si es de alta intensidad en comparación con nuestros estándares o después de un período de inactividad, puede surgir la sensación de tener los músculos bloqueados y doloridos: el responsable es la acumulación de ácido láctico. Ya sea que estamos llevando a cabo una caminata, una carrera, un entrenamiento de cardiofitness o un deporte de equipo, si se presenta esta condición puede parecer imposible seguir moviéndose y llevar a cabo el ejercicio físico que estamos llevando a cabo. Si tienes alguna duda sobre los servicios de una póliza de seguros, puedes informarte mediante comparador de seguro de vida.

En realidad, el ácido láctico en sí no es un obstáculo, sino un aliado nuestro: su presencia, en efecto, permite a nuestras células producir la energía necesaria para sostener el esfuerzo. Erróneamente, se cree que es el responsable también de los dolores que se sienten después de la actividad deportiva: como veremos, no es así. De hecho, las microlesiones de las células musculares, y no el ácido en sí, son las que provocan el dolor como consecuencia del ejercicio.

Hoy tenemos la oportunidad de aclarar este tema y profundizar en lo que es el ácido láctico, porque se forma y cómo prevenir su acumulación, para que podamos practicar la actividad deportiva con serenidad.

ÁCIDO LÁCTICO: ¿QUÉ ES Y POR QUÉ SE FORMA?

El ácido láctico (fórmula química CH3-CHOH-COOH) es un compuesto orgánico formado por moléculas de carbono, hidrógeno y oxígeno. Como veremos dentro de poco, la característica de este ácido es que es a la vez útil y tóxico para nuestro organismo:

  • útil, ya que es necesario para eliminar el hidrógeno y producir así la energía «buena» que nos permite realizar actividad física;
  • tóxico porque, si se produce en poco tiempo una cantidad demasiado elevada, nuestro cuerpo no puede tolerarlo.

ÁCIDO LÁCTICO: LA FUNCIÓN «BENEFICIOSA» PARA EL ORGANISMO

La acumulación de ácido láctico a nivel muscular es por lo tanto la consecuencia natural de un ejercicio físico más intenso que el que nuestro organismo es normalmente capaz de soportar.

La función del ácido láctico es precisamente ayudar al cuerpo a eliminar el exceso de hidrógeno, manteniendo así la oxigenación de los músculos a un nivel correcto: por eso, como se ha dicho antes, este elemento es sí de naturaleza tóxica, pero también es necesario.

Por tanto, comprendemos que, si el ácido láctico está en exceso, porque la cantidad de hidrógeno es muy elevada, el hígado no logra eliminarlo correctamente: es en este caso donde se produce la fatiga muscular y, por tanto, el dolor.

A este respecto, es importante saber que en los últimos años los estudiosos se han dedicado a la profundización del papel del ácido láctico: en particular, la Universidad de California Berkeley en 2018 presentó una investigación en la revista Cell Metabolism dirigida precisamente a aclarar el papel de este ácido en nuestro cuerpo, para entender cómo evitar que su producción se convierta en perjudicial.

Como veremos más adelante, en efecto, el «secreto» es aprender a levantar poco a poco el bogavante de nuestra capacidad de soportar la fatiga física, de modo que el cuerpo nunca esté sometido a un exceso de ácido láctico.