Oxígeno en la sangre

El oxígeno se transporta en la sangre a través de dos mecanismos distintos: su disolución en el plasma y su unión a la hemoglobina contenida en los glóbulos rojos o en los eritrocitos.

Dado que el oxígeno es poco soluble en soluciones acuosas, la supervivencia del organismo humano depende de la presencia de cantidades adecuadas de hemoglobina. De hecho, en un individuo sano, más del 98% del oxígeno presente en un determinado volumen de sangre se une a la hemoglobina y es transportado por los eritrocitos. Para conocer si una póliza de seguro podría cubrirte este tipo de tratamientos o diagnósticos, siempre puedes acudir a webs de precios de seguros.

Vínculo entre la hemoglobina y el oxígeno

La unión del oxígeno a la hemoglobina es reversible y depende de la presión parcial de este gas (PO2): en los capilares pulmonares, donde la PO2 plasmática aumenta debido a la difusión de oxígeno de los alvéolos, la hemoglobina se une al oxígeno; en la periferia, donde el oxígeno se utiliza en el metabolismo celular y la PO2 plasmática disminuye, la hemoglobina cede el oxígeno a los tejidos.

¿Pero qué es PO2?

Presión Parcial de Oxígeno
La presión parcial de un gas, como el oxígeno, dentro de un espacio limitado (pulmones) que contiene una mezcla de gases (aire atmosférico), se define como la presión que este gas tendría si ocupara él mismo el espacio considerado.

Para simplificar el concepto imaginemos la presión parcial como la cantidad de oxígeno: cuanto mayor es la presión parcial de oxígeno, mayor es su concentración. Esto es muy importante si tenemos en cuenta que un gas tiende a propagarse desde un punto de mayor concentración (presión parcial más alta) a un punto de menor concentración (presión parcial más baja).

Esta ley rige el intercambio de gases a nivel pulmonar y tisular.

En efecto, a nivel pulmonar, donde el aire de los alvéolos está en estrecho contacto con las paredes delgadísimas de los capilares sanguíneos, las moléculas de oxígeno pasan a la sangre ya que la presión parcial de oxígeno en el aire alveolar es superior a la PO2 de la sangre.

Según los datos de la mano, la PO2 de la sangre venosa que llega a la pomona en reposo es aproximadamente de 40 mmHg, mientras que a nivel del mar la PO2 alveolar es de aproximadamente 100 mmHg; en consecuencia, el oxígeno se propaga según el propio gradiente de concentración (presión parcial) de los alvéolos a los capilares. Conceptualmente, el paso se detendrá en el momento en que la PO2 en la sangre arterial que deja los pulmones iguale la atmosférica en los alvéolos (100 mmHg).
Cuando la sangre arterial alcanza los capilares de los tejidos, el gradiente de concentración se invierte. De hecho, en una célula en reposo la PO2 intracelular es en promedio de 40 mmHg; dado que, como hemos visto, la sangre en la extremidad arterial del capilar tiene una PO2 de 100 mmHg, La difusión se detiene cuando la sangre capilar venosa alcanza la misma presión parcial de oxígeno que el ambiente intracelular, es decir, 40 mmHg (en reposo). Durante un esfuerzo físico, la concentración de oxígeno en el entorno celular disminuye y con ella la presión parcial del gas (incluso hasta 20 mmHg); en consecuencia, la liberación de oxígeno del plasma se produce de manera más rápida y consistente.

Como hemos visto, la ingesta adecuada de oxígeno por parte de la sangre que fluye en los capilares pulmonares depende estrechamente de la presión parcial del aire contenida en las bolsas alveolares; también hemos visto que en este lugar la PO2 alveolar es normalmente (a nivel del mar) igual a 100 mmHg; si este valor disminuye excesivamente la difusión del oxígeno del aire a la sangre es insuficiente y se produce una condición peligrosa conocida como hipoxia.