Hipertensión: el mal aliado

La hipertensión arterial es un estado constante y no ocasional en el que la presión arterial en reposo es superior a los niveles fisiológicos normales.

La hipertensión es una de las enfermedades más extendidas en los países industrializados; afecta, de hecho, cerca del 20% de la población adulta y representa uno de los mayores problemas clínicos de los tiempos modernos.

La hipertensión arterial también se conoce como «asesino silencioso», porque no implica ningún síntoma y actúa en la sombra, degenerando en complicaciones severas, a veces de desenlace mortal.

El tratamiento de la hipertensión se basa en el importante objetivo de que los niveles de presión arterial alterados vuelvan a la normalidad.

Para alcanzar este objetivo, es fundamental: reducir el consumo de sal, practicar regularmente la actividad física, seguir una dieta sana y equilibrada, seguir una terapia farmacológica adecuada (si los remedios anteriores no son suficientes) y tratar específicamente la causa (si la hay) del aumento patológico de la presión arterial. Para conocer si una póliza de seguro podría cubrirte este tipo de tratamientos o diagnósticos, siempre puedes acudir a webs donde haya un buscador de seguros.

Breve repaso de lo que es la presión arterial

La presión arterial, o presión arterial, es la fuerza que la sangre ejerce contra las paredes de los vasos sanguíneos, como resultado de la acción de la bomba realizada por el corazón.
Su valor depende de varios factores, entre ellos:

La fuerza de contracción del corazón;
El caudal sistólico, es decir, la cantidad de sangre que sale del corazón con cada contracción ventricular;
El ritmo cardíaco, es decir, el número de latidos del corazón por minuto;
Las resistencias periféricas, es decir, las resistencias opuestas a la circulación de la sangre por el estado de constricción de los pequeños vasos arteriales (arteriolas);
La elasticidad de la aorta y de las grandes arterias (el llamado compliance vascular);
Volumen total de sangre que circula por el cuerpo.
Medida en milímetros de mercurio (mmHg), con el paciente en reposo, la presión arterial se define generalmente a través de los valores de presión sistólica o «máxima» (es la presión arterial cuando el corazón se contrae) y de presión diastólica o «mínima» (es la presión arterial de cuando el corazón está en fase de relajación).
Un individuo en reposo puede mostrar valores de presión sistólica entre 90 y 129 mmHg, y los valores de presión diastólica entre 60 y 84 mmHg.
Según la comunidad médico-científica, la presión arterial óptima en reposo es igual a 120 (p. sistólica)/80 (p. diastólica) mmHg.
La hipertensión, o hipertensión arterial, es una condición patológica caracterizada por la presencia constante (no ocasional) de niveles de la presión arterial en reposo superiores a la normalidad.
En otras palabras, la hipertensión es un estado en el que la presión arterial en reposo es constantemente superior a la normal.
En términos numéricos, una persona sufre de hipertensión (es decir, hipertensión), cuando:

La presión arterial mínima (o presión diastólica) supera «constantemente» el valor de 90 mm/Hg y
La presión arterial máxima (o presión sistólica) supera «constantemente» el valor de 140 mm/Hg.
En la jerga común, la hipertensión es la condición definida con el término «presión arterial alta».
Por lo tanto, la hipertensión, la hipertensión arterial y la presión arterial alta son tres maneras diferentes de expresar el mismo estado de alteración de la presión arterial.

¿Por qué es importante el adjetivo constante cuando se habla de hipertensión?
Al describir la hipertensión arterial, el adjetivo «constante» y los adverbios derivados son fundamentales, ya que durante el día la presión arterial puede sufrir variaciones transitorias, relacionadas, por ejemplo, con:

La hora del día: la presión es objeto de un crecimiento constante inmediatamente después del despertar del sueño nocturno (en el cual es particularmente baja) y alcanza su ápice al mediodía; después de eso, se disminuye (por lo general debido al almuerzo) para luego volver a subir y alcanzar valores moderadamente altos en la tarde.
Actividad física: durante el ejercicio físico, la presión arterial aumenta; la magnitud del aumento varía en función del tipo y la intensidad del ejercicio.
El estado emocional: intensas emociones, estrés y ansiedad pueden aumentar temporalmente la presión arterial; por el contrario, la relajación y los momentos de relajación tienen el efecto contrario, es decir, implican una reducción temporal de la presión arterial.