Estrés y Bienestar: Educación Mental

Los estímulos cognitivos (estrés) activan (fase de alerta de la reacción de estrés) la vía directa del sistema nervioso simpático»cerebro-médula suprarrenal» con la producción de catecolaminas (adrelanina y noradrenalina, dopamina).

Los estímulos cognitivos o no cognitivos (agentes físicos, bacterias, virus, toxinas, etc.) inducen la producción de CRH (corticotropina realising hormone) por el hipotálamo y el sistema inmune (linfocitos). El CRH, a su vez, puede estimular la liberación de ACTH (hormona adrenocoticotropo) del iisis y de IL-1 (interleucina-1) de macrófagos. IL-1, a su vez, puede dar lugar a un aumento de la producción de CRH a partir del hipotálamo y de ACTH a partir del iisis o los linfocitos B (reacción del eje HPA Hypotalamus-Pituitary-Adrenal en la fase de resistencia de la reacción de estrés). Los glucocorticoides, producidos por las suprarrenales, solicitados por ACTH, y el sistema nervioso «parasimpático» apagan todo (fase de agotamiento de la reacción de estrés).

En función de la duración del estrés, pueden distinguirse dos categorías de estrés: si el estímulo solo se produce una vez y tiene una duración limitada, se denomina ‘estrés agudo’, mientras que si la fuente de estrés se mantiene con el tiempo se utiliza la expresión ‘estrés crónico’. El estrés crónico propiamente dicho dura mucho tiempo, afecta a diferentes esferas de vida y constituye un obstáculo para la consecución de los objetivos personales. Por último, se define el ‘estrés crónico intermitente’ como un marco de activación por estrés que se presenta a intervalos regulares, con una duración limitada y un buen nivel de previsibilidad. Además de la distinción en función de la duración, pueden distinguirse dos categorías en función de la naturaleza de los acontecimientos de estrés. En muchos casos los stressor son nocivos y pueden conducir a una disminución de las defensas inmunitarias – se habla por lo tanto de distress. En otros casos, en cambio, los stressor son benéficos, ya que favorecen una mayor vitalidad del organismo – se utiliza en este caso la expresión eustress. Para conocer si una póliza de seguro podría cubrirte este tipo de tratamientos o diagnósticos, siempre puedes acudir a webs donde comprobar precios de seguros online.

Estrés: un poco de historia

Un punto de partida en la investigación sobre el estrés en el ámbito médico puede encontrarse en los trabajos de Hans Selye, un médico austriaco que, desde mediados de los años treinta del siglo pasado, comenzó a trabajar sobre este tema en la Universidad de Montreal. Como indica el propio Selye (1976) fue un experimento realizado en algunos ratones en busca de una nueva hormona que indica una interesante línea de investigación. Independientemente de la sustancia tóxica inyectada, todos los ratones mostraron la misma reacción: engrosamiento de la corteza suprarrenal, reducción del timo y úlceras sangrantes en el estómago y el intestino.

Selye conocía los trabajos del fisiologo Walter Cannon, que desde los años 20 había trabajado en el concepto de homeostasis y en la respuesta de alarma en la Universidad de Harvard. Ante un peligro el organismo tiene una reacción de alarma que tiene la función de preparar al sujeto a una rápida acción ofensiva o defensiva, fundamental para la supervivencia. Cannon (1929) estudió y describió lo que se conoce como flight or fight reaction: un estado de sobreexcitación desencadenado por la activación del sistema nervioso autónomo tras la detección de un peligro en el entorno exterior. Esta reacción de alarma es común a los hombres y animales y tiene un fuerte valor evolutivo, ya que permite al sujeto activar una serie de recursos que pueden resultar vitales en situaciones de peligro.