Seguros de vida: una decisión inteligente

La póliza de seguro de enfermedad tiene por objeto cubrir los gastos de tratamiento (incluidos los reconocimientos, las pruebas diagnósticas y las intervenciones quirúrgicas) en caso de enfermedad.

A menudo la póliza de seguro de enfermedad se confunde con la póliza de seguro (que se puede hallar mediante un buscador de seguros) de accidentes, pero son dos cosas diferentes y sirven para cubrir eventos muy precisos y diferentes. (por diferencia entre la póliza de seguro de enfermedad y los accidentes, haga clic aquí)

El accidente es un acontecimiento de particular violencia externa, mientras que la enfermedad es una alteración del estado de salud interno. ¿Qué paga el seguro médico?
La póliza de seguro de enfermedad no tiene por objeto proporcionar una «indemnización» (una suma en efectivo) al asegurado, sino pagar por él los gastos necesarios para su tratamiento.

La compañía de seguros se encargará, pues, de pagar directamente la instalación (hospital, clínica) por los gastos vinculados al tratamiento o a la intervención quirúrgica necesaria.

Entre estos gastos se encuentran, por ejemplo, la tasa de estancia en la estructura, la remuneración del equipo médico, el quirófano, los medicamentos y los exámenes diagnósticos (pre y post intervención).

Depende en gran medida de productos (y de compañía a compañía), pero en general la póliza de seguro cubre los gastos quirúrgicos y de hospitalización, incluyendo exámenes y visitas antes y después de la operación.

Si la hospitalización se realiza en un establecimiento concertado, la clínica es pagada directamente por la compañía, pero si se elige un establecimiento no concertado el asegurado será reembolsado posteriormente (y de la cantidad reembolsada se deducirán posibles franquicias).

Las pólizas más avanzadas prevén una serie de garantías de especial interés que cubren también el parto, así como los gastos odontológicos y oftalmológicos.

¿Cuánto cuesta un seguro médico?
Hay que disipar el mito de que los seguros médicos son muy caros.

Por supuesto, depende de lo que se incluya o excluya, de los límites máximos y de las garantías (por ejemplo, si la póliza incluye gastos dentales o no).

En este amplio abanico de variables también es necesario prever si se trata de una cobertura colectiva (p. ej., proporcionada por una gran empresa a todos los empleados) o si se trata de una cobertura individual (suscrita de forma independiente por un particular).

Obviamente en el primer caso es más fácil tener mejores condiciones dadas por el número de adherentes y por lo tanto por la posibilidad para la compañía de «esparcir» sobre más personas el riesgo.

También hay que distinguir si la póliza cubre todos los tipos de intervenciones o sólo las intervenciones más graves (las llamadas pólizas de «grandes intervenciones»).

Al contrario de lo que puede pensarse el segundo tipo (las pólizas «grandes intervenciones») son menos caras que las primeras. Esto se debe a que no se trata tanto de la cantidad que la compañía debería pagar en caso de siniestro (una operación delicada y poco frecuente tiene un coste elevado), sino de la frecuencia con la que una empresa tiene que poner sus manos en la cartera.

Por lo tanto, si una póliza de seguro también cubre una operación trivial como una apendicectomía (eliminación del apéndice como resultado de la apendicitis) costará más que una póliza que sólo cubre las cirugías de neurocirugía de craneotomía (procedimiento quirúrgico que permite el acceso al interior del cráneo), mucho más raros.

Si una póliza «completa» puede tener un coste de 450/1000€ al año, una póliza grandes intervenciones puede costar 150/200€ al año.